Comando Bolívar-Chávez

Clodovaldo Hernández / Opinión


Algunas veces, los medios de comunicación yuxtaponen ciertos temas de una manera tal que da la impresión de que se están burlando del público. Un lector se aproxima a un diario y ve juntos dos titulares que parecen haber sido colocados así por una mente cínica. ¿Será eso o serán casualidades de la dinámica noticiosa? Bueno, a veces es una cosa y a veces, otra.

Veamos un ejemplo: el Medio Oriente es escenario de una matanza perpetrada por una de las potencias militares mejor armadas de un planeta repleto de potencias militares bien armadas. Incluso la prensa pro israelí ha tenido que difundir noticias que dan cuenta de algunos de los “daños colaterales de la operación defensiva”, lacerante suma de eufemismos que se traduce en la realidad como niños muertos, sedes de medios de comunicación atacadas y barrios residenciales destruidos con las bombas más mortíferas y perversas que el ser humano haya inventado en su sangrienta historia. ¿Y qué noticia está al lado de semejantes infamias de la más neta actualidad? Pues, una según la cual el papa Benedicto ha dictaminado que eso de que al lado del pesebre donde nació Jesús pastaban una mula y un buey es puro invento.

Visto así, en contraste, parece una burla macabra: la región donde nació el Señor es uno de los lugares del mundo donde más se concentra hoy el odio, el resentimiento, la violencia contra los inocentes, el armamentismo, la injusticia… y este privilegiado mortal, que ostenta al mismo tiempo enormes poderes materiales y divinos, se dedica a reflexionar sobre si “la mula y el buey fueron los que vieron al niño nacer” o si todo es producto de las especulaciones de runruneros arcaicos, que en remotos tiempos ponían a correr sus matrices de opinión por las galerías de las catacumbas.

En la cabeza del lector, donde se amalgaman ambas informaciones, pueden pasar muchas cosas. Los más racionales quizá concluirán que el Papa es un verdadero necio. Lamentarán que la representación terrenal de Dios haya perdido tanto nivel. Antes tuvimos un Papa que se dedicó a combatir el comunismo para -unos añitos más tarde- darse cuenta de que el capitalismo salvaje era igual de malo. Pero nadie discute que Juan Pablo II fue un líder del mundo real y contemporáneo. Benedicto, en tanto, quiere entablar un debate con el ausente San Agustín acerca del origen de la virginidad de María, mientras la pobre patria de Jesús es arrasada a bombazos.

En los lectores más ingenuos, en cambio, la mezcla tal vez produzca el efecto que las mentes cínicas quieren causar: que se olviden de la matanza que está ocurriendo hoy en el Medio Oriente y se imaginen que aquello es un lugar idílico, de paz y amor. Como un pesebre navideño, pues.

 

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